Anarquismo Cinematográfico
He descubierto que la vida sí tiene sentido. Pero nunca el que nosotros queremos darle, si no que éste se reduce a lo que hacemos.
martes, noviembre 10, 2009
miércoles, octubre 14, 2009
Kieslowski: Lecciones de cine
Tratité de bave et d'éternité. Prólogo.
viernes, octubre 09, 2009
El Movimiento Letrista
El Asalto a la Cultura. Steward Home. Virus 2002.
miércoles, octubre 07, 2009
Socialisme. Jean-Luc Godard, 2010.
En los últimos años, Godard realizó también el documental Vrai faux passeport (2006) y el cortometraje promocional de la Viennale Une catastrophe (2008).
Aquí un trailer de Socialisme:
miércoles, septiembre 30, 2009
Fear and desire. Stanley Kubrick, 1953.
Shape of Fear fue el título previo del primer largometraje de Stanley Kubrick, realizado en 1951. Es una cinta con historia propia: en uno de los primeros pases no oficiales del film hubieron risitas entre los asistentes cuando “no debían”; se rieron también de la amanerada actuación de Paul Mazursky en su interpretación del Soldado Raso Sydney; en general, todo pareció un poco exagerado y recargado.
El guionista, novelista y biógrafo Gavin Lambert asistió a uno de estos pases y al encenderse la luz comentó: "
En noviembre de 1952 Kubrick fue a ver a Joseph Burstyn, que había distribuido la mayoría de las películas neorrealistas italianas en América. Normalmente sólo trabajaba con películas extranjeras, pero la enérgica carta de Kubrick le llamó la atención y Burstyn se quedó con Shape of Fear cambiándole el nombre por el de Fear and Desire (Miedo y Deseo), programándola para ser estrenada en la primavera de 1953. Sus condiciones no eran generosas, pero en aquel momento para Kubrick no era una cuestión de beneficios sino de ver su película distribuida y tener una respuesta de los críticos.
Fear and Desire fue preestrenada para la prensa de Nueva York el 26 de marzo de 1953, antes de estrenarse en el Guild Theatre el 31 de marzo. Burstyn no se andaba con chiquitas en lo referente a publicidad. Promocionó Roma, ciudad abierta como “¡Más sexy de lo que Hollywood se ha atrevido a hacer nunca!”. Ahora convenció a Walter Winchell, el columnista de cotilleos y locutor de radio más influyente de Nueva York, que diese publicidad a Fear and Desire diciendo: “Los lobos se quedan sin aliento al ver a Virginia Leith”; frase que se usó mucho para promocionar la película y que Kubrick apoyó fotografiando a Leith en su camerino llevando un ajustado sostén que marcaba sus pezones erectos. La imagen, que no aparece por ninguna parte del film, presidía la publicidad de la cinta.
La prensa dio la bienvenida al joven director y, en general, aprobaron la película; ignorando el torpe guión de Howard Sackler, subrayaban la excelente fotografía y, por encima de todo, la ambición de su joven y prometedor director. A pesar de las críticas, tuvo poco impacto en taquilla. Con los escasos cines de arte y ensayo de Nueva York y Los Ángeles, la poca comercialidad de las películas en 16 mm y los festivales de cine ampliamente desconocidos aún, no había ningún sitio más al que acudir. Incluso en 1955 Kubrick pidió a Jimmy Harris, que tras su desmovilización de la Signal Corps Photographic Unit en 1954 puso en marcha una compañía de distribución de televisión –Flamingo Films-, que le ayudase a venderla a la televisión, pero los asuntos de Joseph Burstyn estaban tan desordenados tras su muerte repentina que nadie pudo conseguir los papeles necesarios.
No obstante, la obra sirvió para introducir al reparto y equipo de producción en la industria. Virginia Leith siguió actuando en papeles secundarios en dramas de Hollywood como La viudad negra, de Nunnally Johnson, o Sábado trágico, de Richard Fleischer. Paul Mazursky interpretó a un estudiante delincuente en Semilla de maldad, de Richard Brooks, y más tarde hizo carrera como director. Howard Sacker ganó el premio Pulitzer en 1969 con su obra de teatro La gran esperanza blanca, sobre el boxeador afroamericano Jack Johnson, y se convirtió en un guionista de éxito. Incluso los avalistas de Kubrick llegaron a recuperar su dinero.
Kubrick también consiguió una nueva credibilidad a partir del film. Sin embargo, a lo largo de los años se distanció de Fear and Desire, despreciándola como a un embarazoso trabajo de aprendiz. Se cree que él mismo supervisó la destrucción del negativo poco después de que muriera Burstyn en 1953. Ciertamente hizo todo lo posible para mantener la película fuera de circulación, excluyéndola expresamente de retrospectivas sobre su obra. En 1994, cuando empezaron a reaparecer copias en archivos, pidió a la Warner Brothers, el estudio con el que había trabajado durante la mayor parte de los años ochenta y noventa, que publicasen una carta en su nombre llamando a Fear and Desire “un fallido ejercicio de cineasta aficionado” y “una rareza completamente inepta, aburrida y pretenciosa”. De todas las lecciones que aprendió al hacerla, sólo diría: “El dolor es un buen maestro”.
Pero este trabajo le había enseñado que los actores estaban dispuestos a sacrificar unos ingresos regulares a cambio de un buen papel. Fear and Desire se había hecho a base de entusiasmo juvenil; el compromiso evidente de Kubrick y su rechazo hacia las normas establecidas conquistaron al equipo y a los actores. Trabajar en una película así era noble, generoso. Pero para su siguiente proyecto, El beso del asesino, tenía la mirada claramente puesta en Hollywood.
La idea original de Fear and Desire surge en la mente de Kubrick como una amalgama de sus más refinados gustos y la realidad que vivía su país, inmiscuido en la guerra de Corea. Como es de todos conocido, una de las principales aficiones del cineasta durante su vida fue el ajedrez, juego que le apasionaba y al cual hizo constantes referencias a lo largo de su obra. Puesto que el ajedrez no es sino una representación abstracta de la guerra, es entendible que este concepto abunde en su filmografía: Senderos de gloria, La chaqueta metálica; y que sea, cómo no, el punto de partida para su carrera como cineasta.
El estilo visual de Kubrick para este film está inspirado en el de otros maestros que admiraba, principalmente el de Akira Kurosawa y Orson Welles, pero también está dotado de cierto toque personal. La película cuenta la historia de cuatro soldados que quedan aislados de su compañía en medio de un bosque. El teniente al mando del grupo propone cruzar el río cercano para buscar una ruta de escape, pero esta travesía enfrentará a los protagonistas con diversos contratiempos, el principal de ellos una guarnición enemiga, pero también la presencia de un perro y de una mujer, a la que toman prisionera. La cinta, así como todas las filmadas por Kubrick referentes a conflictos bélicos, nos habla del horror de la guerra y de sus consecuencias, patentes en el resultado final y en el destino de los personajes. Trata también de la debilidad del espíritu humano, desgranando las personalidades de acuerdo a las situaciones. Y referencia el concepto de que cada hombre no es una isla, sino la parte de un todo; citando de esta manera el poema del poeta metafísico John Donne con el que Ernest Hemingway abre su novela Por quien doblan las campanas.
lunes, septiembre 21, 2009
Euphoria. Ivan Vyrypaev, 2006
Basta que un amigo te diga que ha comprado una película en la tienda de una gasolinera por el precio que costaría una bolsa grande de pipas para tratar de esquivar el compromiso de verla. No obstante, grata sorpresa cuando me dejo persuadir y tras las primeras imágenes comienzo a convencerme de que la que estamos viendo es una cinta notable para los tiempos que corren.
Rodada en el 2005 y estrenada en el 2006, Euphoria, escrita y dirigida por el joven Ivan Vyrypaev, nacido en Siberia en 1974, narra la historia de Pasha, interpretado por el soberbio Maxim Usharov, que incapaz de reprimir sus emociones decide encararse a Vera, interpretada por la preciosa Polina Agureyeva, para explicarle que no puede vivir sin mirarla desde que lo hizo por vez primera en una boda en la que coincidieron.
Ella le confiesa que también le miraba a él sin saber el porqué. Así, algo inexplicable se ha producido. Algo que ellos no habían conocido hasta el momento. Algo que ellos no comprenden. Vera vive con su marido, Valery (Makhail Okunev), y su pequeña hija Masah, en una casa aislada de las estepas siberianas, a algunas horas de Volvogrado, junto a la rivera del Don.
Sin la verdadera posibilidad de escoger, guiada por lo desconocido, ella deja su casa y se va con Pasha. El marido, celoso y ofuscado, decide perseguir a la pareja con la esperanza de destruir su pasión.
El film arranca con las imágenes de unos niños que montan a un discapacitado en una moto y lo dejan en marcha a la deriva. Éste, en lugar de escoger su propio camino entre las bifurcaciones izquierda o derecha que se le presentan, sigue recto sin un camino trazado.
A continuación, Pasha, nuestro protagonista, discute reencuadrado entre postes eléctricos (elemento comunicador) que se repiten hacia el infinito sobre una declaración de amor pendiente. Está inquieto, como un tigre enjaulado moviéndose de un lado a otro, se acerca y aleja de cámara; ha de tomar una decisión.
Monta en su coche rojo, la cámara se eleva por encima de los postes eléctricos, la imagen ya no presenta obstáculos, sólo un camino abierto por el que se aleja.
Vyrypaev nos muestra el entorno en que viven: un cielo azul con algunas nubes blancas, el campo amarillento, los caminos blancos; la cámara sobrevuela el paisaje, los caminos se cruzan; fundido a negro: un gran río.
El coche se acerca a Vera, que viste de rojo. El terreno está roto, marcando una barrera espacial entre ambos. Hablan de la boda donde se miraron. Él bordea el terreno, supera el obstáculo y se acerca hasta ella, que está junto a su hija.
Con un ejercicio de montaje poco usual en el cine americano, ahora se nos muestra el exterior de una casa frente a un árbol de hoja caduca.
En un movimiento de grúa, la cámara une a Vera con el coche, que frena en el camino entre dos casas. Un perro enjaulado. Madre e hija separadas por la cadena de un columpio. La niña quiere acariciar al perro, la madre le advierte que le morderá un dedo.
Él viste de azul, como el exterior de la casa, las cortinas y los marcos de las ventanas. Los colores han relacionado y unido a Vera con el coche de Pasha, que es su medio de transporte; y a Pasha con los elementos de la casa de ésta que se comunican con el exterior.
Desde el interior de la casa, vemos a Pasha reencuadrado por las ventanas. Vera se esconde de su marido y de su hija en una habitación separada del salón por unos armarios, lo que supone un uso de los recursos con una doble utilidad, lo cual marca, además del sentido de pobreza económica, el carácter práctico de los personajes.
El marido la llama, ella no contesta. Vemos a Pasha reflejado en el espejo de un armario, ella converge con la mirada al reflejo y fundimos a negro.
Pasha se aleja de allí; la cámara sobrevuela el coche por todos lados. Él se detiene cabreado y lanza un listón de madera como si fuese una jabalina.
Vera está apoyada en el exterior de la casa que vimos anteriormente como si estuviera al borde de un precipicio.
El perro ha mordido a la niña en el dedo. El padre, en un doble aprovechamiento de los recursos, utiliza el vodka para curarle la herida y, después, embriagarla con el propósito de anestesiarla. Sabemos que va a utilizar las tijeras para cortarle el dedo y, en el momento del corte, detiene el sonido originando un impacto mayor.
Arranca la música, se muestran las casas vecinas y a las mujeres corriendo en el espacio que las separan a cámara lenta (como si trataran de detener el tiempo), se escucha el disparo de una escopeta y las mujeres frenan en seco.
Imagen crepuscular, el cielo se refleja en el río.
Pasha se aleja de sus amigos montando en su barca azul bajo una noche completamente teñida de un profundo azul marino.
Sorprendentemente, Pasha se encuentra con Vera, quien le explica que su marido ha matado al perro y le ha arrancado un dedo a su hija, y ahora ella ha de enterrar el cuerpo; lo que viene a mostrar la sangre fría de su marido y como ella ha de hacerse responsable de los actos de este.
Por corte de montaje se les ve a los dos juntos en la pared exterior de la casa como si estuvieran al borde de un abismo. La pared también es azul, lo que por relación cromática a lo largo de todo el film parece tomar el significado de que el azul es el color de su encuentro y por ello la noche se ha teñido completamente de azul, porque iba a suponer el encuentro más inesperado para ambos, mágico, y el que más les ha unido hasta el momento.
Volvemos al entierro del perro y también se utiliza la cámara lenta en el momento en que arrojan tierra sobre el cadáver, evocando el sentimiento por frenar los acontecimientos.
La tumba los separa mientras hablan del marido; de fondo, el río, como una vía de escape. La angulación ha ido progresando del cenital a un leve picado.
En el movimiento ascendente del amanecer, el sol está partido en dos por una nube.
La chica asciende la colina en un gran plano general en contrapicado, la progresión angular continúa hasta pasar del orden de los picados al de los contrapicados.
Ha habido complicaciones con la niña. Ella quiere huir de su marido, él trata de retenerla: uso de la cámara lenta.
En la lancha motora de Pasha, los tres personajes se enfrentan visualmente en primeros planos. Se dividen en dos volúmenes: el marido, y la nueva pareja. El marido trata de cambiar el orden de estos volúmenes por la fuerza, pero Pasha se lo impide y huye con Vera. Pero, por lo que considero un error del autor, se rompe el punto de vista volviendo la cámara a la orilla del río, donde se encuentra el marido: es decir, no sería la pareja quien huye del marido sino el marido el que ha de ver como la pareja se aleja, lo cual rompe el punto de vista construido a lo largo de todo el film sobre la pareja protagonista.
La pareja viaja en el coche rojo de Pasha hasta que se estropea y han de seguir a pie. El marido hace arder la casa dejando de esta sólo las cenizas. Antes vestía de azul y ahora de negro. Utiliza un árbol como perchero.
Vera sueña con vacas grises cubiertas de cieno del río. Las vacas caminan siguiendo el camino del río y pasan por delante del marido, que mata a una de ellas, destruyendo así parte del sueño de su mujer.
La pareja se cambia de ropa vistiendo ahora de blanco, al contrario que el marido y descartan por completo el rojo (ya sea el del coche de Pasha o el del vestido de Vera). Viajan en barca por el río unidos en un único volumen. Pero el marido, como un francotirador, dispara numerosas veces contra la pareja, haciendo que la ropa blanca se tiña de rojo. La barca los lleva a la deriva, como la moto al chico discapacitado del comienzo de la película. Se muestra el cielo azul, su nuevo destino. La barca se hunde, desaparecen de plano.
Basta que un amigo te diga que ha comprado una película en la tienda de una gasolinera por el precio que costaría una bolsa grande de pipas para tratar de esquivar el compromiso de verla. No obstante, grata sorpresa cuando me dejo persuadir y tras las primeras imágenes comienzo a convencerme de que la que estamos viendo es una cinta notable para los tiempos que corren.
Rodada en el 2005 y estrenada en el 2006, Euphoria, escrita y dirigida por el joven Ivan Vyrypaev, nacido en Siberia en 1974, narra la historia de Pasha, interpretado por el soberbio Maxim Usharov, que incapaz de reprimir sus emociones decide encararse a Vera, interpretada por la preciosa Polina Agureyeva, para explicarle que no puede vivir sin mirarla desde que lo hizo por vez primera en una boda en la que coincidieron.
Ella le confiesa que también le miraba a él sin saber el porqué. Así, algo inexplicable se ha producido. Algo que ellos no habían conocido hasta el momento. Algo que ellos no comprenden. Vera vive con su marido, Valery (Makhail Okunev), y su pequeña hija Masah, en una casa aislada de las estepas siberianas, a algunas horas de Volvogrado, junto a la rivera del Don.
Sin la verdadera posibilidad de escoger, guiada por lo desconocido, ella deja su casa y se va con Pasha. El marido, celoso y ofuscado, decide perseguir a la pareja con la esperanza de destruir su pasión.
El film arranca con las imágenes de unos niños que montan a un discapacitado en una moto y lo dejan en marcha a la deriva. Éste, en lugar de escoger su propio camino entre las bifurcaciones izquierda o derecha que se le presentan, sigue recto sin un camino trazado.
A continuación, Pasha, nuestro protagonista, discute reencuadrado entre postes eléctricos (elemento comunicador) que se repiten hacia el infinito sobre una declaración de amor pendiente. Está inquieto, como un tigre enjaulado moviéndose de un lado a otro, se acerca y aleja de cámara; ha de tomar una decisión.
Monta en su coche rojo, la cámara se eleva por encima de los postes eléctricos, la imagen ya no presenta obstáculos, sólo un camino abierto por el que se aleja.
Vyrypaev nos muestra el entorno en que viven: un cielo azul con algunas nubes blancas, el campo amarillento, los caminos blancos; la cámara sobrevuela el paisaje, los caminos se cruzan; fundido a negro: un gran río.
El coche se acerca a Vera, que viste de rojo. El terreno está roto, marcando una barrera espacial entre ambos. Hablan de la boda donde se miraron. Él bordea el terreno, supera el obstáculo y se acerca hasta ella, que está junto a su hija.
Con un ejercicio de montaje poco usual en el cine americano, ahora se nos muestra el exterior de una casa frente a un árbol de hoja caduca.
En un movimiento de grúa, la cámara une a Vera con el coche, que frena en el camino entre dos casas. Un perro enjaulado. Madre e hija separadas por la cadena de un columpio. La niña quiere acariciar al perro, la madre le advierte que le morderá un dedo.
Él viste de azul, como el exterior de la casa, las cortinas y los marcos de las ventanas. Los colores han relacionado y unido a Vera con el coche de Pasha, que es su medio de transporte; y a Pasha con los elementos de la casa de ésta que se comunican con el exterior.
Desde el interior de la casa, vemos a Pasha reencuadrado por las ventanas. Vera se esconde de su marido y de su hija en una habitación separada del salón por unos armarios, lo que supone un uso de los recursos con una doble utilidad, lo cual marca, además del sentido de pobreza económica, el carácter práctico de los personajes.
El marido la llama, ella no contesta. Vemos a Pasha reflejado en el espejo de un armario, ella converge con la mirada al reflejo y fundimos a negro.
Pasha se aleja de allí; la cámara sobrevuela el coche por todos lados. Él se detiene cabreado y lanza un listón de madera como si fuese una jabalina.
Vera está apoyada en el exterior de la casa que vimos anteriormente como si estuviera al borde de un precipicio.
El perro ha mordido a la niña en el dedo. El padre, en un doble aprovechamiento de los recursos, utiliza el vodka para curarle la herida y, después, embriagarla con el propósito de anestesiarla. Sabemos que va a utilizar las tijeras para cortarle el dedo y, en el momento del corte, detiene el sonido originando un impacto mayor.
Arranca la música, se muestran las casas vecinas y a las mujeres corriendo en el espacio que las separan a cámara lenta (como si trataran de detener el tiempo), se escucha el disparo de una escopeta y las mujeres frenan en seco.
Imagen crepuscular, el cielo se refleja en el río.
Pasha se aleja de sus amigos montando en su barca azul bajo una noche completamente teñida de un profundo azul marino.
Sorprendentemente, Pasha se encuentra con Vera, quien le explica que su marido ha matado al perro y le ha arrancado un dedo a su hija, y ahora ella ha de enterrar el cuerpo; lo que viene a mostrar la sangre fría de su marido y como ella ha de hacerse responsable de los actos de este.
Por corte de montaje se les ve a los dos juntos en la pared exterior de la casa como si estuvieran al borde de un abismo. La pared también es azul, lo que por relación cromática a lo largo de todo el film parece tomar el significado de que el azul es el color de su encuentro y por ello la noche se ha teñido completamente de azul, porque iba a suponer el encuentro más inesperado para ambos, mágico, y el que más les ha unido hasta el momento.
Volvemos al entierro del perro y también se utiliza la cámara lenta en el momento en que arrojan tierra sobre el cadáver, evocando el sentimiento por frenar los acontecimientos.
La tumba los separa mientras hablan del marido; de fondo, el río, como una vía de escape. La angulación ha ido progresando del cenital a un leve picado.
En el movimiento ascendente del amanecer, el sol está partido en dos por una nube.
La chica asciende la colina en un gran plano general en contrapicado, la progresión angular continúa hasta pasar del orden de los picados al de los contrapicados.
Ha habido complicaciones con la niña. Ella quiere huir de su marido, él trata de retenerla: uso de la cámara lenta.
En la lancha motora de Pasha, los tres personajes se enfrentan visualmente en primeros planos. Se dividen en dos volúmenes: el marido, y la nueva pareja. El marido trata de cambiar el orden de estos volúmenes por la fuerza, pero Pasha se lo impide y huye con Vera. Pero, por lo que considero un error del autor, se rompe el punto de vista volviendo la cámara a la orilla del río, donde se encuentra el marido: es decir, no sería la pareja quien huye del marido sino el marido el que ha de ver como la pareja se aleja, lo cual rompe el punto de vista construido a lo largo de todo el film sobre la pareja protagonista.
La pareja viaja en el coche rojo de Pasha hasta que se estropea y han de seguir a pie. El marido hace arder la casa dejando de esta sólo las cenizas. Antes vestía de azul y ahora de negro. Utiliza un árbol como perchero.
Vera sueña con vacas grises cubiertas de cieno del río. Las vacas caminan siguiendo el camino del río y pasan por delante del marido, que mata a una de ellas, destruyendo así parte del sueño de su mujer.
La pareja se cambia de ropa vistiendo ahora de blanco, al contrario que el marido y descartan por completo el rojo (ya sea el del coche de Pasha o el del vestido de Vera). Viajan en barca por el río unidos en un único volumen. Pero el marido, como un francotirador, dispara numerosas veces contra la pareja, haciendo que la ropa blanca se tiña de rojo. La barca los lleva a la deriva, como la moto al chico discapacitado del comienzo de la película. Se muestra el cielo azul, su nuevo destino. La barca se hunde, desaparecen de plano.
Basta que un amigo te diga que ha comprado una película en la tienda de una gasolinera por el precio que costaría una bolsa grande de pipas para tratar de esquivar el compromiso de verla. No obstante, grata sorpresa cuando me dejo persuadir y tras las primeras imágenes comienzo a convencerme de que la que estamos viendo es una cinta notable para los tiempos que corren.
Rodada en el 2005 y estrenada en el 2006, Euphoria, escrita y dirigida por el joven Ivan Vyrypaev, nacido en Siberia en 1974, narra la historia de Pasha, interpretado por el soberbio Maxim Usharov, que incapaz de reprimir sus emociones decide encararse a Vera, interpretada por la preciosa Polina Agureyeva, para explicarle que no puede vivir sin mirarla desde que lo hizo por vez primera en una boda en la que coincidieron.
Ella le confiesa que también le miraba a él sin saber el porqué. Así, algo inexplicable se ha producido. Algo que ellos no habían conocido hasta el momento. Algo que ellos no comprenden. Vera vive con su marido, Valery (Makhail Okunev), y su pequeña hija Masah, en una casa aislada de las estepas siberianas, a algunas horas de Volvogrado, junto a la rivera del Don.
Sin la verdadera posibilidad de escoger, guiada por lo desconocido, ella deja su casa y se va con Pasha. El marido, celoso y ofuscado, decide perseguir a la pareja con la esperanza de destruir su pasión.
El film arranca con las imágenes de unos niños que montan a un discapacitado en una moto y lo dejan en marcha a la deriva. Éste, en lugar de escoger su propio camino entre las bifurcaciones izquierda o derecha que se le presentan, sigue recto sin un camino trazado.
A continuación, Pasha, nuestro protagonista, discute reencuadrado entre postes eléctricos (elemento comunicador) que se repiten hacia el infinito sobre una declaración de amor pendiente. Está inquieto, como un tigre enjaulado moviéndose de un lado a otro, se acerca y aleja de cámara; ha de tomar una decisión.
Monta en su coche rojo, la cámara se eleva por encima de los postes eléctricos, la imagen ya no presenta obstáculos, sólo un camino abierto por el que se aleja.
Vyrypaev nos muestra el entorno en que viven: un cielo azul con algunas nubes blancas, el campo amarillento, los caminos blancos; la cámara sobrevuela el paisaje, los caminos se cruzan; fundido a negro: un gran río.
El coche se acerca a Vera, que viste de rojo. El terreno está roto, marcando una barrera espacial entre ambos. Hablan de la boda donde se miraron. Él bordea el terreno, supera el obstáculo y se acerca hasta ella, que está junto a su hija.
Con un ejercicio de montaje poco usual en el cine americano, ahora se nos muestra el exterior de una casa frente a un árbol de hoja caduca.
En un movimiento de grúa, la cámara une a Vera con el coche, que frena en el camino entre dos casas. Un perro enjaulado. Madre e hija separadas por la cadena de un columpio. La niña quiere acariciar al perro, la madre le advierte que le morderá un dedo.
Él viste de azul, como el exterior de la casa, las cortinas y los marcos de las ventanas. Los colores han relacionado y unido a Vera con el coche de Pasha, que es su medio de transporte; y a Pasha con los elementos de la casa de ésta que se comunican con el exterior.
Desde el interior de la casa, vemos a Pasha reencuadrado por las ventanas. Vera se esconde de su marido y de su hija en una habitación separada del salón por unos armarios, lo que supone un uso de los recursos con una doble utilidad, lo cual marca, además del sentido de pobreza económica, el carácter práctico de los personajes.
El marido la llama, ella no contesta. Vemos a Pasha reflejado en el espejo de un armario, ella converge con la mirada al reflejo y fundimos a negro.
Pasha se aleja de allí; la cámara sobrevuela el coche por todos lados. Él se detiene cabreado y lanza un listón de madera como si fuese una jabalina.
Vera está apoyada en el exterior de la casa que vimos anteriormente como si estuviera al borde de un precipicio.
El perro ha mordido a la niña en el dedo. El padre, en un doble aprovechamiento de los recursos, utiliza el vodka para curarle la herida y, después, embriagarla con el propósito de anestesiarla. Sabemos que va a utilizar las tijeras para cortarle el dedo y, en el momento del corte, detiene el sonido originando un impacto mayor.
Arranca la música, se muestran las casas vecinas y a las mujeres corriendo en el espacio que las separan a cámara lenta (como si trataran de detener el tiempo), se escucha el disparo de una escopeta y las mujeres frenan en seco.
Imagen crepuscular, el cielo se refleja en el río.
Pasha se aleja de sus amigos montando en su barca azul bajo una noche completamente teñida de un profundo azul marino.
Sorprendentemente, Pasha se encuentra con Vera, quien le explica que su marido ha matado al perro y le ha arrancado un dedo a su hija, y ahora ella ha de enterrar el cuerpo; lo que viene a mostrar la sangre fría de su marido y como ella ha de hacerse responsable de los actos de este.
Por corte de montaje se les ve a los dos juntos en la pared exterior de la casa como si estuvieran al borde de un abismo. La pared también es azul, lo que por relación cromática a lo largo de todo el film parece tomar el significado de que el azul es el color de su encuentro y por ello la noche se ha teñido completamente de azul, porque iba a suponer el encuentro más inesperado para ambos, mágico, y el que más les ha unido hasta el momento.
Volvemos al entierro del perro y también se utiliza la cámara lenta en el momento en que arrojan tierra sobre el cadáver, evocando el sentimiento por frenar los acontecimientos.
La tumba los separa mientras hablan del marido; de fondo, el río, como una vía de escape. La angulación ha ido progresando del cenital a un leve picado.
En el movimiento ascendente del amanecer, el sol está partido en dos por una nube.
La chica asciende la colina en un gran plano general en contrapicado, la progresión angular continúa hasta pasar del orden de los picados al de los contrapicados.
Ha habido complicaciones con la niña. Ella quiere huir de su marido, él trata de retenerla: uso de la cámara lenta.
En la lancha motora de Pasha, los tres personajes se enfrentan visualmente en primeros planos. Se dividen en dos volúmenes: el marido, y la nueva pareja. El marido trata de cambiar el orden de estos volúmenes por la fuerza, pero Pasha se lo impide y huye con Vera. Pero, por lo que considero un error del autor, se rompe el punto de vista volviendo la cámara a la orilla del río, donde se encuentra el marido: es decir, no sería la pareja quien huye del marido sino el marido el que ha de ver como la pareja se aleja, lo cual rompe el punto de vista construido a lo largo de todo el film sobre la pareja protagonista.
La pareja viaja en el coche rojo de Pasha hasta que se estropea y han de seguir a pie. El marido hace arder la casa dejando de esta sólo las cenizas. Antes vestía de azul y ahora de negro. Utiliza un árbol como perchero.
Vera sueña con vacas grises cubiertas de cieno del río. Las vacas caminan siguiendo el camino del río y pasan por delante del marido, que mata a una de ellas, destruyendo así parte del sueño de su mujer.
La pareja se cambia de ropa vistiendo ahora de blanco, al contrario que el marido y descartan por completo el rojo (ya sea el del coche de Pasha o el del vestido de Vera). Viajan en barca por el río unidos en un único volumen. Pero el marido, como un francotirador, dispara numerosas veces contra la pareja, haciendo que la ropa blanca se tiña de rojo. La barca los lleva a la deriva, como la moto al chico discapacitado del comienzo de la película. Se muestra el cielo azul, su nuevo destino. La barca se hunde, desaparecen de plano.
